¿COMPROMISO O SACRIFICIO? LA CLAVE ESTÁ EN LA CAUSA

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Frases como “alcanzar el éxito cuesta sacrificio”, “nadie te regala nada”, “para lucir hay que sufrir”… o la versión 2.0 #nopainnogain, son como un extraño motivador para algunas mentes. Y es que nuestra generación, la generación X, ha sido educada por otra muy diferente, donde prácticamente lo único bien visto era trabajar y “sacrificarse”. Con razón nuestra mente vacila constantemente entre el deseo y la culpa. ¿Te suena todo esto?

Incluso sacrificarse por los hijos parece haberse convertido en algo de lo que alardear y de lo que muchísimos padres se sienten orgullosos. Es como una especie de competición; cuanto más te sacrificas por los hijos más los quieres. Y lo único que realmente aumenta no es el amor paternofilial, sino el propio ego de los padres.

Desde luego, lo que sí compro a nuestra generación predecesora, es que nadie te regala nada, es decir, todo tiene un costo. También es innegable que cualquier acción tiene consecuencias para bien o para mal. Proyectamos aquello en lo que ponemos foco y cuanto más foco ponemos en algo, mayores son las posibilidades de conseguirlo.

Pero las palabras también tienen mucho poder en nuestro cerebro y algunas, que usamos con mucha ligereza, como sacrificio, pueden tener efectos negativos en nuestro estado anímico.

Cuando te comprometes contigo mismo, te comprometes con tus deseos también. Al comprometerte con tus deseos, la intención y la atención aparecen de forma natural. El esfuerzo se convierte en dedicación y el sacrificio en elección.

A partir de ahí sucede la magia, nace el gozo y con el gozo la pasión y la alegría.

Por el contrario, cuando tu objetivo, o propósito, es elegido por tu parte más racional, por el entorno o la propia inercia, todo se convierte en una costosa tarea.

¿Cómo saber si estás tomando una elección desde la mente y no desde el corazón? Hay un indicador muy interesante; cuando es el corazón quien toma la decisión beneficia a otras personas, muchas o pocas, pero siempre es un beneficio compartido. Cuando los beneficios tan solo te benefician a ti, sin duda es una elección del ego.

Os pongo un par de ejemplos muy básicos:
La compra de un coche. Cuando compras un coche con unas características determinadas pregúntate primero ¿para qué deseo ese coche en concreto y no otro? ¿Lo necesitas para llevar a tu familia o para demostrar que tienes un estatus social?
Cuando eliges una carrera profesional es lo mismo, ¿para qué? Supongamos que decides dedicarte a la abogacía; si lo primero que te viene a la cabeza es ganar dinero, sin duda es una elección del ego; si por el contrario, tu elección tiene un propósito más allá de lo material, por ejemplo, que tu comunidad sea más justa, entonces sí es una elección hecha desde el corazón.
CONCLUSIÓN:

Nuestra manera de percibir nuestras responsabilidades y la actitud con la que nos enfrentamos a ellas puede ser realmente distinta dependiendo de la causa que nos motive a realizarla.

Para sentir alegría en el día a día puede ser que tengas que cambiar tus objetivos, pero otros muchos casos simplemente cambiando la perspectiva y obteniendo una visión menos superficial sobre ello sería suficiente.

 

 

 

 

 

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