CUANDO SOLTAR YA NO ES UNA OPCIÓN

Lo sabes, tienes que soltar, dejar atrás esa situación que te mantiene pequeña. Sin embargo, te repites una y otra vez “no puedo”.

Aún siendo consciente que debes mirar hacía adelante y dejar de vivir en el pasado, estancada en una situación que no das más de sí, te dices a ti misma, como si de un mantra se tratara, “no puedo, no puedo, no puedo…”.

En realidad como ya hemos hablado en otras ocasiones un “no puedo”, siempre esconde un “no quiero”. No quiero asumir la responsabilidad que implicaría el cambio, no quiero atravesar el túnel en el que me sumergen las emociones, no quiero enfrentarme al miedo, mirar de frente a lo que considero un fracaso (como si realmente existiera tal cosa), a la soledad, la culpa…

Te mantienes inmóvil, enjaulada en tu propias decisiones erráticas o peor aún, en las no decisiones.

Te resistes a crecer, dejar atrás a la niña (con todo el amor que se merece), a tener que cuidarte, como quizá nadie te enseñó a hacerlo y atender tus emociones y a dejar de buscar en cosas, situaciones o personas ese cobijo momentáneo, esa distracción o  atención por mínima y superficial que sea.

¡Pues claro que puedes soltar! Lo que sucede es que aún el dolor no es lo suficientemente grande como para saltar al vacío de donde nunca antes estuviste. Porque la incertidumbre es una de las sensaciones más vertiginosas que existen para el Ser Humano. Es decir, gestionamos peor la incertidumbre que el dolor.

“Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”, nos solemos decir. ¡Madre mía! ¡cuánto daño ha hecho esta frase!

Tu mente te mantiene en lo conocido, aún en la desdicha, en la carencia o el desamor: infeliz pero segura.

Y en realidad lo único que te falta es fe en ti misma, no porque puedas tener o conseguir cualquier cosa, sino porque dentro de ti hay una montaña llena de fuerza y verdad que no reconoces.

Pero un NO PUEDO, también es un “no merezco”, un “NO VALGO LO SUFICIENTE” para vivir las mejores experiencias que pueda vivir, subir mis estándares de vida y esperar de ella lo mejor que pueda ofrecerme.

Un “no puedo” es un “no valgo lo suficiente como para hacer el esfuerzo que hoy esto requiere”.

Suelta con fuerza ese miedo, esa inseguridad, ese dolor y da un paso hacia aquello que te acerque a tus deseos, por muy escondidos que los hayas tenido y por mucho que te hayas conformado hasta ahora.

Cambia pues tus NO puedo por un:

“YO BIEN VALGO EL ESFUERZO”

 

Inma Brea

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