EL DINERO SÍ DA LA FELICIDAD SI SABES USARLO

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Dinero y felicidad

Dijo Voltaire: “Quienes creen que el dinero lo hace todo, terminan haciendo todo por dinero”. No estaba muy desencaminado y la ciencia lo corrobora, ya que las áreas cerebrales encargadas del pensamiento racional, quedan relegadas a un segundo plano, tan pronto entra en juego el Sr. don Dinero. Y es que cuántas veces nos habremos cuestionado si realmente el dinero proporciona felicidad o no.

El mismo sentimiento de ilusión que nos impulsaba a cazar antiguamente, es hoy el que nos impulsa a invertir. El hombre utiliza las mismas maquinarias neuronales para estudiar la bolsa, que las que usaba para examinar la estepa en busca de alimento, y cuanto mayor sea la cantidad de beneficio, más se activarán las células nerviosas del área implicada.

Ahí es donde entramos en el círculo vicioso del dinero. Si resulta exitosa nuestra inversión, la sensación de alegría y satisfacción activan las áreas cerebrales del sistema de recompensa, igual que sucede en las etapas de enamoramiento, por lo que se genera un fuerte deseo de repetir. Así aparece la rueda de la adición al dinero, como si de una droga se tratara.

Pero, ¿realmente el dinero nos da la felicidad? La respuesta es no. Lo que realmente genera es satisfacción y sensación de euforia momentánea. Para conseguir un estado de felicidad permanente a través del dinero, tendríamos que aumentar la cantidad conseguida constantemente, y si bien es cierto que las sociedades más acomodadas albergan un ratio de felicidad superior al de las sociedades más empobrecidas, llegado un punto, es decir, una clase social media, un euro más o menos contribuye poco a nuestra felicidad. Sin embargo, las experiencias, especialmente las que compartimos con otras personas, familia, amigos, incluso compañeros de trabajo, sí nos producen un sentimiento de felicidad que no está sujeto al mecanismo de hábito; siendo las familiares las más influyentes.

Podemos entonces llegar a la conclusión de que alcanzar la mayor cantidad de dinero posible y subir de estrato social, no nos hará sentirnos más satisfechos ni felices. Los principales pilares que soportan nuestra felicidad y satisfacción son, sobre todo, las relaciones y experiencias con otras personas y aquellas ocupaciones, trabajos, o proyectos, que nos estimulan y en las que vemos un sentido.

El último Informe sobre la Felicidad Mundial revela que el país que se encuentra en primer lugar es Dinamarca, seguido por Noruega y Suiza, les siguen Holanda, Suecia, Canadá, Finlandia, Austria, Islandia y Australia. España se encuentra en el número 38, con una puntuación de 6,3 en una escala de felicidad del 1 al 10. Pero, ¿qué hace a Dinamarca, Noruega o Suiza tan felices, y qué les reporta tanta satisfacción?

¿Cuáles son los puntos claves que nos proporcionan felicidad?
  1. La confianza entre las personas.
  2.  La proporción de gente que participa en organizaciones con fines sociales u otro tipo de organizaciones.
  3.  La tasa de divorcio.
  4. La tasa de desempleo.
  5. La valoración de la calidad del gobierno por parte de los ciudadanos, y el estado de salud.

Se ha visto que la edad, inteligencia, estatus social, ingresos y educación no parecen tener mucha influencia en la felicidad de la gente. Sin embargo, mantener relaciones personales de calidad, realizar un trabajo que aporte satisfacción personal, tener salud física y mental, estar abiertos a las experiencias, ver las cosas de una manera más positiva, y sentir mayor control sobre los acontecimientos, son las claves para sentirnos más felices.

¿Por qué gira entonces nuestra sociedad en torno al dinero? Recientemente, Elizabeth Dunnn y Michael Norton publicaron un libro que trata el tema, llamado “Happy Money”.  Primero describen lo que actualmente ya sabemos: más dinero, o más cosas, no hace a la gente más feliz a largo plazo. Sin embargo, identificaron cinco formas de gastar lo que ya se tiene, que sí contribuye a sentirnos más felices.

¡Así relacionamos dinero y felicidad!

Comprar experiencias: Al parecer las compras materiales producen mucha menos satisfacción que irse de vacaciones, salir a cenar con tu pareja, o ir al cine, principalmente porque estas nos conectan con otras personas.

Mímate de vez en cuando. Cuando decides gastar en algo, hazlo en un capricho que no te des a menudo. Como dice el dicho: “de lo bueno, poco”.

Comprar tiempo: No cabe duda de que el tiempo es uno de los recursos más valorados en la sociedad contemporánea. Los autores encontraron que es recomendable gastar un poco más cuando esto implica ahorrar tiempo.

Pagar ahora, consumir después: Pagar los gastos por anticipado tiene dos ventajas: construir expectativas, lo cual hace que la emoción previa se convierta en parte de la experiencia, y cuando estamos en ella (por ejemplo, en el viaje), no sentimos el dolor de lo que estamos desembolsando. Como ocurre con la comida, cuanto más tiempo hayamos pasado oliendo lo que vamos a consumir, más disfrutaremos de la comida cuando finalmente nos la llevemos a la boca. Por el contrario, vivir endeudados es una fuente constante de angustia y preocupación.

Invertir en otros: Gastar dinero en los que nos rodean es el camino más rápido para sentirnos bien. “Al final del día, aquellos individuos que gastaron dinero en los demás eran de manera mensurable más
felices que aquellos que gastaban su dinero en sí mismos, incluso aunque no hubiese ninguna diferencia entre ambos al comienzo del día”. No se trata de caridad, sino de otorgar un significado emocional al dinero que empleamos.

Conclusión

Lo importante no es el dinero, sino qué compras con el dinero. No importa cuanto dinero tengas, sino cómo lo gastas.

 

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