EL DOLOR ES UN LUGAR DE PASO

Puede que creas que nadie comprende tu dolor, la desconexión tan fuerte que sientes con la energía de la vida y el complejo proceso interno que te abruma hasta el punto de no poder pensar, dormir, encontrar sentido y motivación; ni siquiera levantar tu propio cuerpo cada mañana.

El juicio, la incomprensión de amigos y familia, unida a la fuerte sensación de incapacidad te hace sentirte solo sin estarlo, abatido y con una insoportable sensación de estar encerrado en un cuerpo y una vida que no te pertenece y no deseas más.

La vida te está pidiendo que la mires de frente, no sin antes mirar dentro de ti; verte, reconocerte, entender tu mente y tus deseos; mente y corazón. Mirar cada herida y poner en ti todo la compasión que necesitas para sanarla; perdonarte lo que ya muy dentro de ti sabes que te has estado haciendo. No hay lucha externa que lidiar, todas guerras son contigo mismo. Cada juicio externo es el tuyo propio encarnado. El profundo dolor que nace de la abrupta desconexión con tu alma, que has estado tapando con patrones, adicciones y autosaboteos que tan solo te desconectan más y más de quién tú eres, has conseguido quizás minimizarlo por momentos y sentir algo de paz, pero no desaparece.

El Miedo

¡Claro que da miedo! Toca enfrentarse a lo que nunca quisiste enfrentarte, a lo que la mente tapó durante años para protegerte del dolor tan real y necesario como la alegría. Porque un dolor no desaparece si lo bloqueas, se queda ahí, esperando su oportunidad para ser revelado y seguir el flujo emocional que le corresponde.

La Luz

El verbo es tu don para sanar. Comunicar, expresar, entender y pedir, dejando a un lado la vergüenza que nos mantiene inmóviles y desesperados.

Hay que ir profundo, con la fuerza de un guerrero y la belleza del agua, para enfrentarte al miedo, caminar con él si es necesario y dejarte arrastrar por el maestro que contiene toda la sabiduría y las respuestas que buscabas; el Amor.

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