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NI VÍCTIMA NI VERDUGO

Me encuentro a menudo en las sesiones, también en formaciones, a personas que dicen haber perdonado a sus padres, su expareja o cualquier persona que les haya dañado emocionalmente, pero el resentimiento aún se puede percibir en sus palabras y sus actos. Eso no es perdonar.

Para mí existen dos tipos de perdón, el perdón de la «mente» y el del corazón. Perdonar significa dejar ir el dolor, poder hablar de ello sin que alguna emoción, de las llamadas erróneamente negativas, aparezca.

Las relaciones de amor, del tipo que sea  y porque el amor es apertura y vulnerabilidad, son susceptibles de generar heridas cuando nos hemos sentido abandonados o traicionados. En algunos casos tan profundas que nos pueden acompañar durante toda la vida, sobre todo si se han producido en la infancia.

Solemos creer que perdonar significa restablecer esa relación o conexión, pero perdonar es un proceso personal que solo te incluye a ti.

Cuando “perdonamos” pero no dejamos ir el dolor es un perdón del ego, de una identidad social que asume de manera racional que el rencor no es positivo. Sin embargo, este tipo de perdón no sana, ni el vínculo ni a ti mismo, que es lo realmente importante.

El amor propio tiene mucho que ver con protegerse y en algunas ocasiones protegerse implica estar lejos de algunas personas, por muy cercanas que sean o por mucho amor que haya. Siempre el amor y el cuidado hacía uno debe prevalecer ante cualquier otro amor. Y es precisamente por amor a uno mismo que debemos permitir que las emociones se «desenquisten» y nos permitan avanzar libres de cargas; cargas que además, con toda seguridad, vamos a proyectar en otras relaciones precisamente por no estar sanadas.

Para que esto suceda es imprescindible entender e integrar que no existen buenos y malos, tan solo niveles de consciencia. Todos, en mayor o menor medida estamos dañados y quienes no son conscientes de ello actúan desde su propio dolor, su propio miedo y su propia incapacidad de hacerlo de otra manera, aún sabiendo el daño que puedan producir.

Quien te dañó a ti, también fue dañado y no supo qué hacer con su dolor.

Mientras pienses que esa persona actúa con consciencia, que daña por maldad y por lo tanto tú eres su víctima, no has entendido que la mente se configura con las experiencias y son estas las que toman las riendas de nuestro comportamiento..

Recuerda que no perdonas por el otro, sino por ti mismo, para ti. Te mereces viajar ligero.

Inma Brea

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