¿CREAN LOS PENSAMIENTOS NUESTRA REALIDAD?

los pensamientos crean la realidad

Hoy quiero tocar uno de los temas más fascinantes, desde mi punto de vista, a los que la neurociencia da sentido: los pensamientos crean nuestra realidad.

Muchos de vosotros habréis leído el libro “El secreto” de Ronda Byrne, basado en la Ley de la Atracción, que se popularizó en España hace ya algunos años. Desde mi punto de vista este libro puso más sombra que luz sobre el efecto directo que los pensamientos y las visualizaciones tienen en nuestra vida. Más allá de esto, la ciencia, en concreto las neurociencias, tienen algo que decir al respecto.

Cuando tenemos un pensamiento, este produce de manera automática e inconsciente una emoción. Las emociones generadas serán evaluadas dependiendo de la información que tengamos almacenada. Las experiencias vividas anteriores y creencias serán el baremo.

La dopamina como generadora del cambio

Cuando mantenemos una actitud positiva, el sistema de recompensa produce gran cantidad de dopamina, también llamada “hormona de la ilusión”. Este neurotransmisor es el principal encargado de provocar en nosotros esas ganas de hacer nuevos proyectos y generar ilusiones.

Sin embargo, es curioso que la mayor cantidad de dopamina no se produzca a la consecución del objetivo, sino justo antes de alcanzarlo, es decir, de recibir la tan ansiada recompensa.

Entonces, ¿qué nos genera más felicidad, alcanzar una meta o la ilusión durante el proceso? Pues parece ser que la “hormona de la ilusión” también es la “hormona de la curiosidad” y la espera de algo positivo es lo que más felices, emocionados e ilusionados nos mantiene.

Por eso es importante marcarnos ciertos objetivos, planificar proyectos y crear ideas de futuro. Sin olvidar (esto lo recuerdo siempre) que una vez planificado debemos centrarnos en el presente, que es donde realmente suceden las cosas y se alcanzan las metas. Pensar en exceso en el futuro puede ocasionarnos ansiedad.

Entonces, ¿visionar el futuro entorno a imágenes positivas es lo qué hacen los visionarios o genios? Pues parece ser que sí en gran medida. Aún así, para generar una gran idea no solo hay que visualizarla, también son importantes otros factores.

Más allá de la visualización
  • Tener un amplio conocimiento sobre el tema que trabajamos.
  • Estar en un entorno social propicio, que apruebe y apoye tu visión.
  • Tener convencimiento pleno de la propia idea o proyecto.

Existe una característica común y destacable entre este tipo de personas: la dualidad. Estas personas son tan racionales como creativos, tan realistas como imaginativos y tan inteligentes como inocentes. La unión de estas diferentes, incluso opuestas, características de su personalidad, hace que una idea no se quede en sueño o fantasía, sino que hará que se dé paso a la ACCIÓN.

Aún con todo esto, no es necesario tener ideas grandiosas para que se produzca un impacto químico positivo en nuestro cerebro, basta con pequeños gestos que nos generen felicidad. Acciones como planificar un pequeño viaje, bailar, compartir, tener un lenguaje amable con nosotros mismos, rodearnos de gente optimista, etcétera…, hacen para nuestro cerebro de psicofármacos.

Los pensamientos positivos benefician tu salud
  • Actúan en el organismo.
  • Refuerza el sistema inmunológico.
  • Aumenta la resistencia del organismo.

Tras analizar los más de 14.000 estudios recopilados en 150 países en el “WorldDatabase of Hapiness” (base de datos mundial de la felicidad), los científicos lo tienen claro:

 ¡No existe ningún otro órgano del cuerpo humano, que influya de manera tan significativa en nuestro destino como el cerebro!
Conclusión

Los pensamientos, las acciones que llevamos a cabo y los recuerdos que dichas acciones dejan en nuestro cerebro tienen un efecto directo, no solo en nuestro cuerpo, sino aquello en lo que nos enfocamos y por lo tanto en lo que conseguimos. Es un efecto “acción-reacción”.

A estas alturas podemos afirmar que nuestros pensamientos crean nuestra realidad. Con cada pensamiento, con cada nueva experiencia o con cada sueño que persigamos.

 

 

 

IDENTIFICA LAS MASCARAS QUE TE IMPIDEN SER TU MISMO

 

Somos lo que escondemos tras las máscaras.

Todos tenemos máscaras, incluso las personas aparentemente más autenticas y las que afirman no tenerlas…, ¡también las tienen!

Si no eres consciente de ello y mucho menos eres capaz de identificarlas, simplemente te falta autoconocimiento.

La primera vez que me hablaron de las máscaras me asusté muchísimo, lo sentí como algo oscuro. No podía evitar relacionarlo con la mentira y la ocultación. Con el tiempo entendí que nada tiene que ver y que tienen su práctica función.

¿Qué son las máscaras?

Las mascaras son nuestro YO adaptado al entorno. Muchos os reconoceréis siendo de una determinada manera en el entorno laboral, de otra diferente con la familia, con las diferentes parejas a lo largo de la vida o los amigos. O quizá no tanto en entornos como en situaciones. Utilizar la frivolidad en momentos de máxima vulnerabilidad para no sentirte tan expuesto o aparentar ser sociable y simpático a pesar de ser introvertido y de naturaleza tímida son ejemplos de comportamiento adaptado.

Por supuesto, las máscaras son creadas desde el Ego. Son los personajes que has creado impulsado por las creencias limitantes más profundas de tu psique. Esto no es bueno ni malo, como todo en la vida depende del uso que le des, la consciencia que pongas en ello y desde qué lugar lo hagas. Lo que sí quiero dejar claro, una vez más, es que el Ego no es el enemigo y este es un claro ejemplo de cómo podemos usarlo a nuestro favor.

¿Cuál es la diferencia entre máscaras y Ego?

Aunque muchas veces se dice que el Ego es el Yo mental (yo no estoy tan de acuerdo), no debemos confundirlo con las máscaras aunque estén relacionados entre sí. Como ya he mencionado en anteriores post, el Ego es esa vocecilla que evalúa y enjuicia y por tanto distorsiona nuestra percepción de la realidad. Sin embargo, las máscaras son esas personalidades ficticias listas para ser representadas bajo el yugo de las interpretaciones que realiza tu Ego y cuya base es siempre el miedo. Es decir, están creadas para mantenerte en una falsa seguridad.

Ahora bien, el problema aparece en el momento que ni siquiera tú eres capaz de diferenciar qué es máscara y qué no.

Cuando trabajo en procesos de autoconocimiento y pregunto ¿quién eres?, la inercia es responder aquello que nos clasifica socialmente. Cuando insisto en la pregunta, es cuando surge el maravilloso momento que yo llamo “stop cognitivo”. La mayoría de las personas reaccionan como si les hubiera hecho la pregunta más compleja de su vida. Insistiendo en el tema reformulo,” ¿quién eres tú en esencia?”.

Tu esencia

La esencia es lo que queda cuando las máscaras han desaparecido. Cuando estás a solas y nada hay que representar, ocultar o proteger porque no hay miedos ni juicios. Es lo que queda cuando el cuerpo mental y emocional no tienen nada que añadir. En realidad tiene muchos nombres; Alma, Consciencia, Espíritu, La fuente…Es algo intangible pero lo es absolutamente todo.

Es importante poder identificar las máscaras para poder volver a nuestra esencia, de lo contrario sería cómo no saber volver a casa y pasarnos la vida de hotel en hotel; por muy cómodo y confortable que estos pudieran ser siempre nos sentiríamos desarraigados.

¿Qué sucede cuando nos desconectamos de nuestra esencia?

Cuando nos desconectamos de nosotros mismos básicamente entramos en incoherencia. Es decir, es imposible estar alineados en lo que hacemos, pensamos y sentimos si no sabemos quiénes somos realmente.

A veces no es sencillo definir quién eres si no te lo habías cuestionado hasta el momento. Pero quizá sí puedas identificarlo con más facilidad si vamos quitando las máscaras de una en una.

Para ello mi consejo es que analices lo siguiente:
  • Cuáles son tus “tengo que” y “debe ser”. Creencias de cómo deberías ser y/o comportarte por lo socialmente preestablecido o bien por tu entorno más cercano o cultural.
  • Entornos de hostilidad. Grupos sociales (trabajo, parejas, amigos, familia…) en los que sientas que no puedes ser tu mismo ni obrar de manera natural.
  • Momentos de vulnerabilidad en los que sientes miedo a ser dañado y eso te impide expresarte con sinceridad.
Conclusión:

Las máscaras pueden ser una estupenda herramienta para proteger tus emociones en momentos determinados, pero debes tener en cuenta que es necesario dejar espacio para la vulnerabilidad, pues es ahí donde encontrarás tus sombras y la oportunidad para afrontarlas y crecer.

“Cuando hay una tormenta, los pajaritos se esconden, pero las águilas vuelan más alto.” — Mahatma Gandhi

Atrévete poco a poco a desnudarte y dejar que te vean tal cual eres, pues ahí se encuentra la verdadera belleza del ser humano y podrás sentir de nuevo el calor del hogar.

 

6 PASOS PARA IDENTIFICAR CUALQUIER MIEDO

miedo y felicidad
Creo que todos estamos de acuerdo en que amar implica cierto riesgo a ser lastimado. El amor es apertura y expansión. Sin embargo, el miedo puede llegar a impedir que aceptemos ese riesgo. No solo hablo de amor de pareja; por miedo existe el racismo, la homofobia o conceptos similares, ya que el rechazo a lo diferente es la cara visible al miedo a lo diferente.

 El miedo nos niega la posibilidad de amar de una manera universal.

Si el miedo es lo opuesto al amor, el único camino hacia él es superar cada día aquello que nos aterroriza. Seguro puedes reconocerlo porque es ese tipo de miedo que te paraliza, ¡sí! ese que llevas demasiado tiempo haciendo como si no existiera.

Ser vistos sin nuestras máscaras, es uno de los miedos más comunes, pues significa mostrar todo aquello que no nos gusta de nosotros mismos. Miedo a no cumplir expectativas (las nuestras y las de los demás). Miedo al juicio, a la soledad, a la carencia afectiva y económica. Miedo a la enfermedad. Miedo a la culpa.

También existe el miedo al cambio y a la propia evolución personal, pues significa enfrentarnos a situaciones desconocidas y lo que es peor aún, a partes de nosotros mismos que no queríamos ver, aceptar ni reconocer. Esto se siente como si los sólidos cimientos de nuestra existencia se tambalearan, incluso cayeran. Tan necesario, por otra parte, para nuestro crecimiento como individuos y como sociedad.

¿Sabéis qué hacemos para tapar esos miedos?

Vendernos. Nos vendemos a un falso amor por migajas de atención. Vendemos nuestra sexualidad a cambio de “placer egoico”. Vendemos nuestras pasiones por un estatus socioeconómico. Y lo que es peor aún, vendemos quiénes somos realmente a cambio de no ser juzgados, rechazados o abandonados.

Si el miedo es lo opuesto al amor, y no hablo de amor romántico, sino de amor verdadero , este nunca será alcanzado hasta identificar cada uno de los miedos que habitan en nosotros y sacarlos a la luz, uno a uno, como si de capas de cebolla se tratara.

Si todo esto resuena en ti, tengo que decirte dos cosas. La primera es una buena noticia; empiezas a cuestionarte el por qué y para qué la vida y con ello tus creencias y patrones de comportamiento. Tu nivel de consciencia está aumentando. La segunda es que comienzas un camino donde tendrás que poner a funcionar todas las herramientas que tengas; de ellas depende un viaje apasionante lleno de descubrimientos sobre ti mismo o una ardua y agotadora batalla entre tus luces y sombras. En cualquier caso, si has llegado hasta aquí ya no hay vuelta atrás. Uno puede aumentar su consciencia pero no disminuirla.

Lo cierto es que puedes negarte a trabajar en tu desarrollo personal y en las carencias que irás detectando a medida que tu consciencia te lo muestre, pero te impedirá crecer como persona y alcanzar plenitud. Sin embargo, serás muy consciente de que tú, y solo tú, eres tu gran obstáculo.

Llegado este punto y si decides apostar por enfrentarte a tus miedos, quiero contarte cuál fue mi propio proceso. En principio el orden es importante aunque con el tiempo y la práctica los realizarás casi sin darte cuenta y de manera aleatoria.

¿Cómo identificar y trabajar cualquier miedo?

  1. Busca momentos de introspección, silencio y/o meditación. Pasar tiempo a solas es de vital importancia para sacar a la luz aquello de lo que aún no eres consciente.
  2. Escucha tu cuerpo. Presta atención a los marcadores somáticos; reacciones físicas que se producen como respuesta a ciertas emociones. Presión en el pecho, sudoración o pinchazos en el estomago son indicadores de que ciertas situaciones te producen temor o rechazo.
  3. Identifica y pon nombre a aquello que sientes. Será mucho más fácil contrarrestarlo y cambiar las creencias que lo producen. Recuerda que el sufrimiento no lo genera una situación en sí, sino la interpretación que tú le das. Es importante aceptar la emoción como parte de ti e integrarla, resistirte a ella solo le dará más fuerza.
  4. Aprende a discernir entre tu YO real y tu EGO. Entendiéndose Ego como un conjunto de funciones psíquicas que involucran cierta evaluación de la realidad y no la realidad en sí. En caso de duda realiza siempre la misma pregunta ¿existe juicio? Si la respuesta es sí puedes dar por hecho que es un pensamiento del ego.
  5. Revisa tu historia. Busca relación entre sucesos significativos que hayas vivido o que hayan tenido una intensa carga emocional para ti. Por ejemplo; diferentes relaciones de pareja que hayas tenido, amistades que se rompieron o metas que te pusiste y dejaste a mitad de camino. Si las analizas entre sí, encontrarás motivadores o desencadenantes comunes.
  6. Intención. Poner intención es poner esencia a la acción. Cuando ponemos atención en algo le otorgamos energía, que no es lo que deseamos con los miedos, pero cuando ponemos intención transformamos la energía de la información en otra diferente y podemos iniciar el cambio y la superación.

SI ES AMOR ROMANTICO, NO ES AMOR VERDADERO

amor espiritual

Todos conocemos el amor romántico, así como el amor por la familia y los amigos. Pero existe otro tipo de amor, al cual llamaban Ágape en la antigua cultura griega. El amor ágape se mueve en una frecuencia más profunda, se mueve entre lo incondicional y lo divino incluso. Tiene más que ver con el amor universal y/o espiritual. ¿Has pensado alguna vez en ello? ¿Has sentido alguna vez este tipo de amor?

Hace un tiempo, en una conversación bastante interesante, alguien me cuestionó diciendo “Ese amor del que hablas es cerebral”. Muy segura de mí misma, como apasionada de las neurociencias, respondí con tono sarcástico “¿Qué otro si no?”. Su respuesta no pudo dejarme más impactada; “Amor Espiritual”.

En ese momento algo en lo más profundo de mi ser resonó y se abrieron en mí un sinfín de cuestiones y dudas, de las que sería consciente algunas semanas, incluso meses, después.

¿Cómo era posible que nunca hubiera reparado en ello o me lo hubiera cuestionado? Fácil. Mi cabeza aún estaba llena de prejuicios hacia la espiritualidad, las religiones o cualquier persona que las practicara.

A partir de ese momento comencé a interesarme en las diferencias entre el amor espiritual y el que reside en el cerebro. Y por supuesto, a poner en práctica todo aquello que leía y de alguna manera tenía sentido para mí.

¿Cómo surge el amor romántico?

Cuando conocemos a alguien nuevo, nuestro cerebro procesa en cuestión de segundos toda la información que nos llega sobre esa persona; sus características físicas, su voz, su olor y aquello que percibimos de su personalidad.

En poco tiempo comparamos esta información con la que ya teníamos almacenada en nuestro cerebro acerca de cómo es nuestro hombre o mujer ideal. Muchas de estas características proceden incluso de la infancia, de algunas somos conscientes pero otras muchas residen en el subconsciente.

Si al cruzar toda esta información coincide en gran medida, ¡voilà!, el cerebro activa las áreas, las hormonas y los neurotransmisores relacionados con el proceso de enamoramiento.

Este maremágnum químico actúa prácticamente de la misma manera y en las mismas zonas cerebrales que las adicciones, incluido el sistema de recompensa. Por eso se dice, con mucha razón, que el amor es como una droga.

Es por todo esto que lo que solemos llamar amor romántico es egoísta. A partir del inicio del estado de enamoramiento, todo lo que haga por y para al ser amado será con el fin de obtener a cambio “mi recompensa” y el placer que esta me genera.

Amor romántico es aquel que reside en nuestro cerebro.

¿Y el amor espiritual?

Simplificándolo muchísimo se podría decir que es el amor que no espera nada a cambio.

Decía Osho; “Amor es el encuentro, el encuentro orgásmico de la vida y la muerte ” y que para alcanzarlo hay cuatro pasos fundamentales.

Pasos para alcanzar el Amor según Osho

Primero; estar aquí y ahora, porque el amor solo es posible en el “aquí-ahora”. No puedes amar en el pasado.

Segundo; aprende a transformar tus venenos en miel.

Tercero; compartir tus cosas positivas, compartir tu vida, compartir todo lo que tengas. Todo lo bello que tengas, no lo escondas.

Cuarto; sé la nada. Una vez que comienzas a pensar que eres alguien, te estancas. Entonces el amor no fluye. El amor sólo fluye de alguien que no es nadie. El amor mora solo en la nada.

Cuando estás vacío, hay amor. Cuando estás lleno de ego, el amor desaparece. El amor y el ego no pueden converger.

Sin embargo, antes de ofrecer amor incondicional a otra persona debes amarte a ti mismo incondicionalmente, como decía Osho, “transformar tus venenos en mieles”.

Por supuesto, para nuestra sociedad no es fácil alcanzar un amor tan profundo ya que estamos educados para funcionar desde el Ego, donde residen los miedos, las culpas, las expectativas, la prepotencia, las exigencias y un larguísimo etcétera. Todos estos conceptos están instaurados en la mente colectiva.

Conclusión

Amar de verdad, con el corazón, requiere para la gran mayoría, un gran trabajo personal y un verdadero compromiso con uno mismo. Es un verdadero viaje por nuestro interior al que, aunque pueda escocer, bien merece la pena embarcarse.

“El corazón del hombre es un instrumento musical, contiene una música grandiosa. Dormida, pero está allí, esperando el momento apropiado para ser interpretada, expresada, cantada, danzada. Y es a través del amor que el momento llega.” ― Rumi